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lunes, 20 de julio de 2009

Cosas que vería solamente aquí

Es una pequeña lista, no exhaustiva, por supuesto, de algunas situaciones, personas u objetos que pueden sorprender a este pequeño Paco Martínez Soria provinciano e impresionable que soy yo.
Sé que la mayoría de estas cosas son cotidianas en muchos lugares del mundo (aquí, para empezar), pero qué le voy a hacer: Así somos los de pueblo, que nos quedamos alucinados con cualquier nimiedad porque es la primera vez que la vemos. ¿Qué esperabais de mí? Si me ponen delante dos rascacielos y ya me creo que estoy en Manhattan.
...¿Y no es hermoso conservar esa capacidad de asombro? ;-)

Algunas cosas que me han asombrado de este lugar:
1. Un aparcamiento de bicicletas muchísimo más grande y más repleto que los propios de los coches. De hecho, suelo tener problemas para encontrar sitio cuando me muevo con mi bicicleta.
2. Una ciudad en las que hay más de 100 joyerías y tiendas de diamantes, ¡pero ni un solo Starbucks!
3. Trenes puntuales, muy rápidos, normalmente cómodos, y a precios asequibles.
4. Que te obliguen a separar los residuos en origen y te remachen la idea del reciclaje y el ecologismo (bueno)... pero después te vendan cualquier tontería envuelta en toneladas de innecesario plástico (hasta la fruta la suelo ver así).
5. Que me adelante, a toda mecha, un judío (vestido con toda la parafernalia, luto riguroso, taled, sombrero, patillas y barbas crecidas...) montado en una bicicleta de carreras. ¿Cuándo verá uno una estampa como ésa en Bilbao?
6. Un niño pequeño capaz de hablarme en tres idiomas (lo cual le hace sentir a uno idiota perdido).
7. Patatas fritas vendidas como delicatesen (y los turistas pican el cebo).
8. Bicicletas rodando por en medio de la calzada (a veces no hay más remedio), haciendo caravana, y que no pite ni un solo coche de los que pacientemente van detrás. Respeto al ciclista, eso es lo que me asombra encontrar.
9. Que los españoles tengan fama de juerguistas y de armar escándalo y de gritar en la calle, en un país cuyos habitantes suelen pasar los veranos haciendo todo esto y mucho más en la costa del sol.

Ya veis que le he cogido afición a hacer listas :-D

jueves, 11 de junio de 2009

Cosas que crees que molan

Cosas que crees que molan... hasta que las pruebas.
-Los pantalones de cuero. Sólo funciona cuando eres una estrella del metal.
-Un buffet libre de comida india (curry a tutiplén). Si el cuerpo tarda semanas en eliminarlo, no puede ser bueno.
-Ir al trabajo en bici. En un país donde llueve a mares día sí y día también. Iluso.

Últimamente he tenido la oportunidad de ampliar esta lista con ítems que ni imaginaba. En fin. Cosas de mi vida.

domingo, 10 de mayo de 2009

Día de colada

Cuando estuve visitando cuchitriles para buscar un piso donde meterme a vivir en Lovaina, siempre notaba que estaba pasando "algo" extraño, y no caía en la cuenta de qué era, hasta que por fin me percaté: ¡Ninguno de aquellos pisos tenía lavadora! Oh, sorpresa. Pues hay que buscar uno que la tenga instalada.

No. Comentándolo con una compañera del trabajo, me bajó del burro amablemente: Nadie (casi) tiene lavadora en Lovaina. Es una especie de lujo que sólo se permiten los que viven con su familia y cuatro extranjeros intransigentes más. Y me dio una explicación más que convincente. Estoy en una ciudad de estudiantes. Cada fin de semana, todos huyen (verídico: el pueblo queda vacío) a la casa de sus padres llevando consigo dos cosas: el estómago vacío, ansioso por digerir la comida casera de mamá, y una bolsa llena de ropa sucia para ser lavada. Por eso no necesitan la lavadora, ya la tienen en casa de mamá por el morro.
Debo añadir a todo esto que mi compañera se extrañaba notablemente de que en España la lavadora sea un bien imprescindible, y que, como apunté, haya más casas con lavadora que con microondas (y es que aquí muchas "cocinas" consisten en un microondas y una nevera tamaño junior). Es posible que también pensara que todos los españoles caminamos descalzos por las calles polvorientas y que construimos nuestras casas con adobe, pero no quise ahondar en la herida. ¡Cómo vamos a tener todos una lavadora, para nosotros solos! En fin. Habría sido divertido explicarle que la cultura del crédito-hipoteca fácil y del endeudarse hasta las cejas inconscientemente, sin pensar en el mañana, ha hecho que, en la España de los últimos 5 años, todo hijo de vecino que no quiera ser menos que el ídem tenga lavadora, microondas, una TV de plasma y un coche nuevo cada dos años, aunque su sueldo sea de mileurista y no dé ni para pipas, sólo para presumir. Habría flipado, la pobre, pero de lo gilipollas que somos X-D



Gran pregunta: ¿Y cómo me lo monto para lavar la ropa sin lavadora? Obviamente, tengo que ir a una lavandería, que hay unas cuantas en la ciudad. Pero la más cercana la tengo a 15-20 minutos a pie, lo cual es problemático cuando vas cargado con una bolsa / maleta llena de kilos de ropa, que cuando cruzo la calle parece que ha llegado el trapero ropavejero a la ciudad, sólo me falta el megáfono: "¡¡¡Oiga el trapeeeeeerooooo!!!".
Para mí, los domingos son "Laundry day", o día de colada.
Esto es nuevo para mucha gente que conozco, así que explico cómo funciona. En las lavanderías tienen decenas de lavadoras que funcionan con moneditas (llevo siempre al menos kilo y medio de chatarra en los bolsillos). Me sale a 3,80€ un ciclo en la lavadora pequeña. Normalmente, una vez cargada y funcionando, la dejo puesta y vuelvo en 40 minutos (a veces aprovecho para comer).
Después toca secar la ropa, el asunto más complicado. En ocasiones me dejo un total de 6€ ó más en la dichosa colada, porque hay prendas que no hay forma de secarlas bien y tengo que repetir el ciclo. Lo más común es que, ya de mala leche, me las lleve mojadas a casa y las disponga precariamente sobre el radiador, sobre una silla, donde sea, pero ya con ese olorcillo a húmedo que odio. Y es que además tengo que estar al quite para extraer las prendas más delicadas o queridas a mitad del ciclo de secado, ¡porque odio las secadoras y el daño que pueden causar a tu ropa!



Y encima de todo esto, está el asunto de que en mi caso no puedo separar adecuadamente la ropa clara de la de color. Ya sabéis que suelo guardar luto riguroso (cosas del heavy metal y de la "pose"), y no merece la pena hacer otra colada para las cuatro prendas blancas que tengo. Así que o las mezclo con lo demás, esperando que no destiñan, o bien, como he hecho alguna vez, las lavo a mano en casa, que es como si hubiéramos retrocedido 20 años. Pero entonces el problema es que las prendas tardan días en secarse, con este clima... La más lenta de todas, los pantalones vaqueros (el némesis de todo el que quiere su ropa seca cuanto antes). Recuerdo que en Londres (allí sí tenía lavadora) tuve unos vaqueros durante dos días en el tendedero (dentro de casa), y al final me los acabé poniendo medio mojados por pura cabezonería, de harto que estaba. Y era verano. Húmedo, pero verano. Pues aquí es parecido pero de momento mucho más frío.

Ahora entendéis que el sueño de todos los españoles que aquí conozco (también algunos extranjeros de otros países) es conseguir una lavadora propia. He visto de todo: algunos la instalan apretada en una esquina, con la toma de agua directamente del grifo del lavabo, perfecto para organizar una inundación de la pera. Otros negocian míseramente con todo el bloque de pisos para ver si pueden colocar una pequeñita en el descansillo de la escalera.

Hacer la colada dignamente también es calidad de vida, ¡cojona! Esto es Europa.

NOTA: Imágenes de Wikipedia

jueves, 30 de abril de 2009

Empiezo a cuidarme (un poco)

Pues sí, chicos, y ya iba siendo hora. Estaba hecho un cromo: Para empezar, tantas semanas sin sol y maldurmiendo (ya os hablaré de por qué) me habían dejado una cara de pedo que parecía Ville Valo (pero más feo). En cuanto a las comidas, me he acostumbrado a un desayuno más fuerte y prolongado de lo que era habitual (zumo, café con leche, galletas, una manzana o plátano y a veces, si sigo con ganas, algo de embutido español que me han traído); pero al mediodía (o sea, entre las 11 y la 1, nunca más tarde) me como un triste bocadillo como hace aquí todo hijo de vecino (incluso el jefe jefazo aguanta hasta la noche con un bocata ¡o una sopa!); y por la noche, temprano (entre las 7 y las 9), ataco la cena muerto de hambre, que hasta ahora, demasiado a menudo, constaba de un kebab o una pizza, o bien alguna de mis especialidades culinarias caseras (prfff... a elegir: pasta, ensalada, ensalada de pasta, arroz blanco, fritangas varias, y pechuga de pollo para las ocasiones especiales). Ya sabéis que no me gusta cocinar y que lo hago muy mal. Y que... bueno, tiendo a hacerme daño cuando cocino. No falla. Ay, esa gotita de aceite caliente. Ese mango de la sartén en posición inoportuna. Ese cuchillo mal afilado, ¡pero lo suficiente como para cortar un hueso! Y luego a limpiar. Así que nada, a comer fuera, donde sea.

Por estas razones me decían que si me encontraba bien, que si me veían transido (sí, la palabra existe), etc. He recibido amenazas de muerte reiteradas de cierta amiga, si comprueba que este verano vuelvo a Bilbao con menos culo que antes de venirme. Y es que, no sois conscientes de ello, pero soy un hipocondríaco de la pera: no hay más que decirme que tengo mala cara o que estoy adelgazando para que de verdad me empiece a encontrar mal y me compre una báscula para controlarme el peso. Ains.

Pero todo eso va a cambiar (a ver cuánto me dura el buen propósito). Esta semana, amigos, me he apuntado a un gimnasio y pienso darle duro al deporte. Ya podéis imaginaros la melodía de "The Eye of the Tiger" a todo trapo, mis bíceps sudorosos congestionándose como hace años, jaaaa... Bueno, no, realmente voy a empezar suave. No, no es por vagancia, es que quiero evitar lesiones. Ejem. En serio. Ya. Bueno... pues eso.
Donde sí que acabo de estrenarme (empecé ayer) es en el dichoso "pilates". ¿Y qué tal fue? Bueno, lo esperaba mucho más duro, pero igual es que se va complicando con el tiempo, sólo era la segunda lección del curso. Y por favor. Era el único hombre de la sala. Todas sin quitarme ojo, como diciendo "¿Y éste de qué árbol se ha caído?". Y yo nada, disimulando mi coordinación pésima y mi elasticidad comparable a la de un bloque de madera de pino. Ay, ay. Había que ver a la profesora que guiaba la actividad, embutida en unas mallas que no podían ser más apretadas y moviéndose como si fuera de chicle. Pero también vi a un par de señoras de edad mucho más avanzada que se estiraban con una facilidad pasmosa. Será cuestión de práctica y de no abandonar la actividad a la primera de cambio. Aunque no prometo nada.

Y sobre las comidas, al menos ahora tengo a la intrépida Nat para que venga conmigo a sitios un poco más decentes, de esos donde no te da vergüenza ir acompañado (¡pero sigo fiel a mis kebabs cuando estoy solo!), y a menudo ceno con ella comida casera. Nunca podré agradecerle lo suficiente que me está cuidando como a un bebé. Incluso me dan ganas de cocinar, porque uno de los coñazos de cocinar aquí es tener que hacerlo para uno mismo: si es para comer con más gente apetece más, o da menos pereza... Lo que ocurre es que a esta mujer la aprecio demasiado como para someterla a la tortura de visionar (no digamos degustar) los atentados gastronómicos que puedo perpetrar en mi cocina (toma excusa) :-S

Lo dicho: más horas de luz (cruzo los dedos), más ejercicio (mientras no abandone), y comida un poco menos desastrosa (God bless her). Espero que cuando vuelva por Bilbao no esté cierta personita (a la que por lo demás quiero como un ceporro) esperándome con la báscula en una mano y el cuchillo jamonero en la otra. Ni las top-models tienen que vivir con esa presión, caray.

domingo, 5 de abril de 2009

La ciudad se transforma

...Y menos mal. Recuerdo la sensación que me quedó cuando llegué aquí, a principios de enero: Acababa de pasar una ola de frío polar (aunque las temperaturas invernales siempre son bajas de todas formas) y además era temporada de exámenes, con lo que la ciudad tenía muy poca vida. A las 6 de la tarde, puntuales, como si hubiese un toque de queda, se cierran los comercios y hasta las cafeterías. La gente sale de trabajar y se va directamente a casa. La oscuridad (noche cerrada a las 5 de la tarde), el frío y la lluvia (o nieve) no invitan a otra cosa. Cena temprana y a la cama. Podréis haceros una idea de la sensación tan depresiva que me invadía al caminar por calles comerciales (pensadas para el trasiego masivo de consumidores con sus compras) totalmente desiertas. Y con el viento helado empujándome para caminar un poco más deprisa hacia mi destino. Me pareció triste, Lovaina, todo lo contrario de lo que esperaba encontrar.
Tuve la sensación de que la cosa iba a cambiar conforme el tiempo mejorase. Y así es, por suerte. Llegó la primavera. Y si os apetece, os contaré en qué consiste la transformación.

Los días se alargan. Se nota mucho, y ahora, si el tiempo acompaña, he recuperado ese hábito que daba por perdido y que consiste en dar un paseo después del trabajo, o bien tomar un rodeo según me acerco a mi casa, muchas veces aprovechando para cenar por el camino.

Otro síntoma evidente: poco a poco, han ido extendiéndose. Me refiero a las terrazas, especie no muy pródiga en mi ciudad de origen, pero que aquí han ido colonizando en las últimas semanas, inesperadamente, calles y plazas; rincones donde uno no imaginaría que a alguien le pueda apetecer tomar una cerveza o un almuerzo. He visto algunas de estas terrazas llenas a rebosar incluso cuando el termómetro no subía de los 5ºC, ¡los hay valientes!

Los estudiantes. No había nadie en la facultad cuando llegué aquí, en enero, pero ahora los pasillos son ruidosos y concurridos. A veces es molesto (sobre todo cuando organizan fiesta), pero sin duda es más animado que antes. Salgo de trabajar sobre las 18:00 ó 19:00, según me dé, y por la calle me cruzo con docenas de jóvenes, bien con una sustanciosa bolinga, bien en proceso de adquirirla, y (sólo) algunas veces es divertido el espectáculo, cuando la cosa transcurre con naturalidad y sin estridencias ni vandalismo.



Aunque los comercios sigan con su imperturbable horario "europeo", algunas cafeterías han extendido el suyo y tienen la puerta abierta un par de horas más. La música de los pubs y otros lugares de similar naturaleza hedónica se deja oír por fin más temprano, y no son pocos los clientes que deciden tomar su copa en la calle, dejando la puerta abierta y permitiéndome adivinar el interior de un local con llenazo completo, ¡un día entre semana y a las 6 de la tarde!

Y el último en llegar, el más esperado de todos, es el sol. Ya tardabas, compañero. Me han prevenido, me han dicho que no espere muchos días soleados, ni siquiera en verano, que aquí tiende a llover todo el año. Pero tal vez lo infrecuente de la visita del astro rey la convierta en algo mucho más valorado. La semana pasada puedo decir que disfrutamos un día de primavera por primera vez. La temperatura era suave, y yo cruzaba el Pauscollege camino de mi facultad, cuando reparé en que unos estudiantes habían sacado un colchón por la ventana de un bajo, y lo habían tirado sobre la hierba del jardín para tomarse unas cervezas mañaneras con uno de los primeros ratos de sol que he visto aquí. Espero que se mantenga...

viernes, 13 de marzo de 2009

Los funcionarios belgas son "popperianos"

...O eso, o simplemente tienen un sentido de "lo que es práctico" poco desarrollado.
Karl Popper fue un filósofo de la ciencia muy conocido por su idea de "falsacionismo". Según Popper, en un sistema de conocimiento científico, es lógicamente imposible probar que una afirmación es verdadera basándose en datos empíricos. Lo que sí podemos hacer es basarnos en datos para probar que una afirmación alternativa es falsa.

Me he acordado de este señor esta mañana, después de cierto incidente administrativo.
Llevo ya unos meses instalado aquí y se supone que mis trámites con el departamento de extranjería estaban resueltos. Pero ayer me llega una carta del ayuntamiento, escrita completamente en holandés, y con una firma de puño y letra que hace temer lo peor.
Así que hoy le pido ayuda a una compañera para que me traduzca el documento. Parece ser que mi ficha de residente extranjero está incompleta, que les falta un dato muy importante: no les consta mi estado civil. La carta menciona también algunas consecuencias terribles de ocultar información a las autoridades, y todo ese rollo tan amenazante.
La pregunta que me viene a la cabeza es, bueno, ¿cómo demuestra uno que NO está casado? Quiero decir, entendería perfectamente que me pidieran documentación para probar lo contrario (y la hay: acta de matrimonio, etc.), pero lógicamente ni yo, ni nadie que yo sepa, tiene un papelito donde conste "Fulanito de tal NO está casado".
Así se lo hago notar, en mi inglés más educado, al funcionario. Pero ellos insisten: "Necesitan" un papel oficial, con sello y firma, donde se haga constar que no estoy casado.
Lo que decía, los funcionarios belgas deben de haber leído a Popper y, como no se creen que estoy soltero, me piden pruebas de que no estoy casado. Ya sabía que este era el país de la burocracia, pero aun así es la monda, ¿no os parece?


Por supuesto, esto es un dolor de cabeza para mí: lo primero es que no sé ni dónde acudir para pedir este papel (¿ayuntamiento donde estoy censado? ¿comisaría de la policía donde me tramitan el DNI? ¿otro organismo todavía más complicado de acceder?); lo segundo es que aunque supiera a quién dirigirme, tendría que contactarles por teléfono (llamada internacional) o carta, en la esperanza de que me lo puedan hacer llegar sin solicitarlo yo en persona; cosa que no harán, porque no se fiarán de mí, no vaya a ser que les esté engañando y en realidad sea mormón, tenga tres esposas y catorce churumbeles. Kafka, te veo venir...

Veremos cómo se desarrolla este asunto en próximas entregas. De momento, rezo para que en la institución que corresponda no se partan de risa al pedirles el papelito de marras, con sello oficial y firma del presidente del gobierno o del rey, si es menester. Me estoy planteando pedir también, por si acaso, otro papel donde diga que NO soy un alienígena, otro en el que se certifique que NO soy hincha del Athletic, y otro en el que se asegure, poniendo mi vida en ello si mintiera, que NO me llamo Franz Kafka.
Y a ser posible, depende del organismo que me los tramitara, a ver si los documentos me los pueden expedir íntegramente en euskera, pero eso ya lo hago por maldad y por joder ;-)

martes, 3 de marzo de 2009

¡¡Frío!!

Afortunadamente, los días de frío parece que van pasando, e imágenes como la que tenéis abajo (os juro que hice la foto ya avanzado el mediodía) se harán cada vez más infrecuentes mientras se va acercando eso que llamamos "verano" y que aquí lo es a sólo medias, según reconocen los propios aborígenes.
Imaginad el panorama que me encontré cuando llegué aquí, con nieve, y catastróficas heladas nocturnas (que todavía pueden darse de vez en cuando). Me sonreía cada vez que, yendo a trabajar por la mañana, veía la bicicleta del típico panoli que ha olvidado envolver el sillín en una bolsa de plástico durante la noche, y me imaginaba el momento en que pusiera el culete en el asiento hecho puro permafrost, ¡maligno que es uno! ja, ja, ja.


El Fonske, después de una noche esperando el autobús ;-)

Viven el frío de otra forma, por aquí. Para alguien como yo, que viene de donde viene, "frío" es toda aquella temperatura por debajo de 10ºC. Sin embargo, yo me he cruzado por la calle con vikingos que desafían al temporal en camiseta y pantalón corto, yendo yo mientras tanto forrado, con dos chaquetas y bufanda. Por no hablar de las típicas jovencitas que quieren que todo el mundo sepa que se han hecho un piercing en el ombligo, incluso cuando el termómetro pasa de ese fatídico límite donde a mí se me congelan hasta las pestañas.

Ya he dicho que estas últimas dos semanas han sido bastante más soportables para mí en este sentido. Hace días que no tenemos temperaturas negativas, al menos si me fío de mi ForeCastFox. Lo que me ha hecho volver a recordar aquellas noches de puro congelamiento es la relectura de mi contrato de alquiler. Allí, con el objetivo de garantizar la habitabilidad de mi estudio, se dice bien claro, y que no quepa duda alguna, que el casero se responsabiliza de mantener una temperatura mínima de 20ºC entre las 7 de la mañana y las 12 de la noche, y... ¡12ºC! durante el resto de la noche hasta el día siguiente.
Repitámoslo otra vez: doce grados. Como mínimo. Ahora pensad en un muchachito medio tonto al que una mañana dan las llaves de un estudio medio vacío y tiene que comprar todo lo necesario para pasar la primera noche. Y en una alegre tienda de cuyo nombre no quiero acordarme (para evitar decir procacidades), el muy imbécil compra un nórdico muy barato, realmente barato, el más barato de todos. Recordad lo de los 12ºC, y ya os imagináis el resto. Esas orejitas heladas durante la noche, esos pies que no hay manera de calentar, esas tiritonas insistentes...
Unas semanas después, el jovencito ingenuo se había caído del burro y se había gastado un pastizal en un nórdico algo más decente, con el que las noches, cuando están a 12ºC, lógicamente siguen siendo frías, pero menos. Al final tendré que hacer caso a algunos que dicen que lo mejor para evitar esos fríos nocturnos es el calor humano ;-)
La moraleja, amigos, es que como dicen todas las madres y gentes de sentido común, lo barato sale caro. Que cada cual se aplique el cuento como quiera.

martes, 24 de febrero de 2009

Alojamiento en Lovaina

Pues algo tendré que deciros al respecto. Lo primero, que en la universidad tienen un servicio de asistencia en la búsqueda de alojamiento de lo más majo, además de asesorarte sin complicarte la vida. Lo segundo, que el mercado de viviendas en Lovaina es bastante distinto del que hay en otros lugares. Antes de empezar a buscar, yo tenía la idea de buscar un piso compartido, al estilo de lo que solemos hacer en España: 3 ó 4 estudiantes en un piso de otras tantas habitaciones, compartiendo los espacios comunes que vienen a ser el salón, la cocina y el baño.
Pinta bien, ¿eh? Pues nada. La ciudad es pequeña y tiene muchos estudiantes, así que no hay pisos compartidos (o no son nada comunes, yo al menos no he visto ninguno), y para la gente como yo la oferta se reduce, en la práctica, a dos tipos de alojamiento:

-Habitaciones: Es un espacio minúsculo, pero es tu espacio. ¿De qué te quejas? Te caben un catre medio oxidado y una silla. Las habitaciones se agrupan por docenas en lo que se llaman 'kot', que para mí viene a significar algo así como un termitero. Imaginaos 8 ó 10 habitaciones (hay kots con dos o tres veces más habitaciones), sin salón, compartiendo una cocina comunal y un par de duchas y WCs. Lo bueno es que son muy baratos, y que tienes ambiente (sospecho que a veces más ambiente del que uno desearía si quiere estar tranquilo). Lo malo, que al menos en mi caso podría degenerar en instintos asesinos :-P
Reconozco que algunos de los kots no están mal sobre el papel, tienen habitaciones razonablemente amplias y hay suficientes duchas y retretes como para no tener que pelearte salvo en las horas punta. Pero añado que los que yo he visitado no me han gustado nada. Será que tengo el morro fino. No me importa compartir cocina, baño y sala de estar con unas pocas personas, pero llegar "a casa" y contemplar una cocina no precisamente grande que es utilizada a diario por 15 estudiantes, y que además es el único espacio donde supuestamente se coincide (aparte del baño, que da para escribir otra biblia)... no es un espectáculo maravilloso (y he visto unas cuantas). Creo que viviría en un kot si fuera a quedarme sólo unos meses, pero una estancia tan prolongada, a mi edad, en un sitio como ése... Uf. Necesito más comodidad.

-Estudios: La cosa cambia. Son habitaciones mucho más espaciosas, con baño privado, y los hay con cocina privada, o bien compartida con una o dos personas más. Debe de haber por ahí auténticas pocholadas, pero también he visitado mucho cuchitril como consecuencia, seguramente, de haber llegado a la ciudad en el mes en el que todo lo bueno ya está cogido. Otro punto negativo es que se pierde ese ambientillo de convivencia al estar cada uno en su espacio. También son bastante más caros que los kots, pero comparado con Bilbao esto es una ganga.

Así que sin dudarlo mucho me fui directo a por los estudios. Visité cuatro, y al final me quedé con uno que está en las afueras. Realmente es una casa de dos pisos a 20 minutos andando desde la facultad. El dueño y su familia viven en la planta baja aunque no les veo nunca, y yo dispongo de una habitación enorme y un baño inmenso (con bañera). La cocina es compartida con otra chica que se supone vive en la puerta de al lado, pero de la que no he visto ni rastro en este tiempo (creo que dejó de estudiar, no sé si se habrá ido ya definitivamente o planea volver).
Esto significa que estoy solo. Tengo espacio de sobra para mí (hemos dormido 4 personas en esta habitación y todavía caben más), y bastante intimidad, lo cual es cómodo. Estoy a gusto de momento, y no me parece demasiado caro.



Vale, sigo diciendo que para mí lo ideal, al menos hasta que me haga a la nueva situación, habría sido compartir piso con una o dos personas, disponiendo como mínimo de una salita de estar común, de forma que puedes hacer algo de convivencia social sin estresarte (así estuve en Londres y tengo muy buenos recuerdos). Un término medio entre el "termitero" y la guarida solitaria. Pero cuando no hay más, contigo, Tomás. Aunque me sienta un poco solo, ¡qué narices!, me gusta mi estudio. Ahora mismo estoy comprándole cositas para ponerlo más confortable (cuando llegué estaba casi vacío), así que podéis imaginar que me sé el catálogo de IKEA de memoria ;-) ¡Os pondré fotos de lo que vaya amueblando!

sábado, 21 de febrero de 2009

Bicicletas

Una de las cosas que sorprende de Lovaina es la enorme cantidad (a veces absurda) de bicicletas que se mueven por todas partes. Uno piensa en las ventajas con respecto a los vehículos a motor, más contaminantes, y ciertamente se convence de que Lovaina es una ciudad ecológica (en este sentido). Luego vienen los peros: ciclistas a toda leche saltándose los semáforos, o bien oliéndole el cogote a los peatones en esas aceras minúsculas y hechas una pena... Supongo que retrasar el cambio climático compensa todas esas incomodidades. Y lo cierto es que aquí todo el mundo va en bicicleta, desde los chavales camino de la escuela hasta los viejecillos con la bolsa de la compra. No es una cosa de edades, ni de nivel adquisitivo.

Y es que las facilidades para conseguir una bicicleta son también a tener en cuenta. Por muy poco dinero puedes alquilar una en el servicio VELO, y ya estás listo para echar a rodar. Ahora os habréis dado cuenta de que, en Lovaina, caminar es de pringados y losers, y os preguntaréis por qué yo aún no tengo una bicicleta, si tan sencillo me lo ponen. Bueno, la respuesta es sencilla aunque un poco vergonzante: estoy esperando a que avance un poco el invierno. Si ya paso frío, forrado como voy por la calle, no quiero imaginar lo que tiene que ser ese viento congelado pegándome en la jeta a toda velocidad. Además, temo el momento, porque reconozco que mi equilibrio no puede compararse al de esa gente a la que veo llevando dos bicicletas a la vez (montado en una y haciendo rodar la otra al lado con una mano), o hablando con el móvil, ¡o escribiendo un SMS! :-S



Toda esta situación hace que el delito más habitual en Lovaina sea, precisamente, el robo de bicicletas. Así que la gente siempre bloquea convenientemente la rueda trasera de su bici con una cadena. Al principio me sorprendió que no las atasen también a ninguna estructura fija en el suelo (como una farola), que es lo normal en Bilbao, pero debe de ser que hay taaanta bicicleta que las tienen que dejar tiradas por ahí la mitad de las veces, hasta haciendo montones. Por supuesto, eso significa que puedo llevarme una bicicleta a cuestas y desbloquear la rueda trasera en casa con un clip de sujetar papeles. Así que visto lo visto, yo creo que la mejor estrategia para evitar que te roben es tener una bicicleta fea ;-) Lo tendré en cuenta para cuando me busque una (lo cual pienso hacer en cuanto mejore el tiempo).

viernes, 20 de febrero de 2009

El idioma

Bien, primera dificultad que me encontré al venir a Lovaina, que a la hora de la verdad no lo es tanto. Y lo que me gusta quejarme...
Llegas a la universidad por la mañana, te encuentras a una compañera por el pasillo, y sin darle tiempo a reaccionar le espetas:

"Jode morjen!"

...Queriendo decir "Buenos días". Y entonces la santa mujer, en vez de darte una bofetada como estaréis esperando, se contiene la risa y con toda la paciencia del mundo te da una pequeña lección para mejorar tu pronunciación en flamenco. Porque sí, ese saludo mañanero ha pretendido ser un intento de interaccionar con otra persona mediante el idioma flamenco, u holandés (o neerlandés, o Dutch).

Antes de venirme a Lovaina, cuando comentaba entre los amigos, familiares y conocidos que me habían dado una beca para pasar dos años en Bélgica investigando (o muriendo en el intento), casi todos me preguntaban que a ver qué tal llevaba el francés. Y no, listillos, no era ninguna broma sexual chusca sobre becarios. Es que realmente no toda la gente de mi entorno conoce a fondo la compleja, por no usar una palabra más dura, situación lingüística en estas tierras.
Actualmente, en el pueblo belga conviven (quizá es mucho decir) dos comunidades bien diferenciadas culturalmente y sobre todo lingüísticamente, a saber:
a) los valones, que hablan un idioma similar al francés y ocupan el sur del territorio, tradicionalmente más rural y menos industrializado; y...
b) los flamencos: que no, ni son rosas ni vuelan, ni dan palmas en un tablao a menos que se hayan pasado con la Leffe. Éstos son culturalmente más cercanos a los holandeses, y de hecho su lengua es un dialecto del holandés, o "Dutch". Ocupan la zona norte del territorio (Flandes), y son famosos, entre otras muchas cosas, ¡por la espectacular cerveza de abadía!
Aviso para turistas ocasionales: El tema político es mejor ni mentarlo, yo todavía no me he atrevido a hacer ni la más inocente pregunta entre los compañeros.


Previsible: Buscas una imagen de "flamenco", y aparece ¡Paco de Lucía! (aunque aquí salga muy serio)

Pero el caso es que mucha gente desconoce, u olvida, que una gran comunidad de belgas tienen como lengua el holandés. Y Lovaina, o Leuven, como se dice aquí, es un pueblito muy cerca de Bruselas, en la zona flamenca de Bélgica. Así que lo primero que notas cuando llegas aquí es que la gente habla raro. Todavía no me he acostumbrado a la sonoridad del Dutch (esas jotas, esas erres). Y tampoco el idioma escrito parece más descifrable (esa manía de juntar las palabras en una, como en alemán, esa inexplicable afición a las letras dobles y a las cadenas de más de ocho consonantes seguidas). Se da uno un paseo por la Grote Markt y queda abrumado por los sonidos que salen de toda laringe ajena; o se pone uno a escrutar con ojos entrecerrados la carta de un restaurante, y le queda una sensación como de estar leyendo pasajes del Necronomicón en versión original.
Huelga decir que, con dos años por delante, planeo tomar clases de holandés porque, lo reconozco, soy un obsesivo que no puede convivir cada día con algo que no comprende :-D

Pero mientras tanto, como decía, la dificultad de vivir en un idioma distinto aparenta ser mayor de lo que luego es. Es cierto que Lovaina es ciudad de estudiantes (y de monjas y de cerveza, reza el dicho) y que por eso hay mucho extranjero. Pero tanto en éste como en otros pueblos de la zona, prácticamente todo hijo de vecino habla un inglés más que correcto, envidiable. Más aún: es habitual que la gente sepa también manejarse estupendamente con el francés, o con el alemán, y algunos te pueden decir cuatro frases en español (impagable, lo de "¿como está usted?" medio masticado). En eso de los idiomas, se nota que están a años luz por delante de nosotros.
Reconozcamos, por ser justos, que el holandés se parece bastante al inglés en muchos aspectos y eso les facilita las cosas, pero en cualquier caso es un mérito que no voy a negarles. Muy pocas veces he tenido que salir de una tienda, un restaurante, o una oficina, por no poder entenderme en inglés (sólo en alguna contada ocasión me he topado con los pocos que no sabían hablarlo). Más bien al contrario, me he sentido avergonzado porque en el trabajo todos hablan inglés por mí, porque estoy allí y es la única manera que tengo de comunicarme con ellos... ¡Pero luego su inglés es mil veces mejor que el mío! Así que bueno, esto es un acicate más para que me ponga a practicar duro con los idiomas: el inglés, ¡y también el holandés, que no me olvido!

Crédito de la imagen: Kornell, en Wikipedia, distribuído mediante CC.